martes, 30 de septiembre de 2014

Vamos las bandas


Por tercer año consecutivo se realizó el Concurso de Bandas de Blues organizado por Blues en Movimiento y La Escuela de Blues. Esta vez, el escenario de la gran final fue Makena, en Palermo, y los participantes brindaron casi dos horas de música con muchas ganas e intensidad. Como ya se dio en las ediciones anteriores, las propuestas fueron muy diferentes y la onda entre los músicos fue la mejor.

Ganaron Los Pepas Rock and Blues, un grupo que arrastra una larga historia sobre sus espaldas, desde su formación en 1993, las presentaciones de la mano del Chaca junto a Pappo, La Renga, los Ratones Paranoicos y Alejandro Medina, hasta su separación en 2000 y su resurgimiento el año pasado con una nueva formación y un renovado espíritu festivo. Estas últimas semanas fueron muy intensas para la banda, primero por la aparición del Chaca, a quienes muchos lo daban por muerto. El tipo está viviendo en la marginalidad en Santa Fe y pidiendo monedas en las esquinas para sobrevivir. Además, la muerte del Negro García López fue un mazazo para ellos, eran muy amigos y habían compartido más de un escenario. Y finalmente este triunfo que les permitirá grabar un EP y abrir el show de Lurrie Bell, en la primera jornada del Buenos Aires Blues Festival que se realizará en noviembre.

La noche del sábado comenzó con la presentación de T-Bone Blues, una formación compuesta por guitarra, bajo, teclados batería, voz y coros, a cargo de Pablo Francisco, Emma Pardo, Mariel Caló y Andrea Artaza. La propuesta fue clara: soul y blues Memphis style. Comenzaron con If you don’t come back, de Leiber y Stoller, y siguieron con Take me to the river y Last clean shirt, de Rufus Thomas. Prolijos, buenas armonías vocales, aunque tal vez les faltó un poco de contundencia con los solos.

Luego apareció en escena Tres Tiros Blues Band, comandada por el armoniquista Fernando Vázquez y el guitarrista Patricio Grant. Con un sonido bien orientado al blues de Chicago, e inspirado en las grabaciones de James Cotton de los 70, el cuarteto interpretó Woke up this morning, One more mile y I’m ready. El bajista Tico Martinez Cortijo se adaptó muy bien al baterista Gonzalo Rodríguez, del Club del Jump, quien reemplazó al original, Tomas Argomedo que no pudo asistir por problemas de agenda. Blues eléctrico con la sangre en ebullición.

En tercer lugar apareció el cuarteto de La Plata Electric Spirits Blues, que recrea hasta en el más mínimo detalle el repertorio de Stevie Ray Vaughan. Escucharlos fue como un déjà vu de los 90. Daniel Miño imita muy bien al legendario guitarrista texano y el cantante Leguy por momentos alcanza el mismo registo. Hasta el bajista se parece físicamente a Tommy Shannon. Tocaron Mary had a little lamb, Cold shot y Couldn’t stand the weather.

El cierre estuvo a cargo de Los Pepas, los únicos que interpretaron temas propios en español. Con una sección de vientos muy potente -reforzada con la saxofonista Paloma Sneh-, dos guitarras, teclados, armónica, bajo y batería, más el histriónico Diego Bellini en voz, demostraron tener mucho rodaje y energía arriba de un escenario. Abrieron con Hay fiesta, siguieron con Chicas, wiskhy, rock and roll & boogie y cerraron No voy a olvidar. Si bien las letras no son para nada originales, la banda suena con mucha fuerza y desenfado.

Tras la elección del jurado, que integré junto a Guillermo Blanco Alvarado, El Tano Rosso, Mariano Cardozo, Nico Smoljan y Gabriel Cabiaglia, el maestro de ceremonias, Gabriel Grätzer, anunció el triunfo de la banda de Villa del Parque por apenas un punto más que Tres Tiros. El bajista Eduardo Baldino se mostró muy emocionado y dedicó el premio al Negro García López. Los músicos de los distintos grupos se abrazaron entre sí y, una vez más, como en los años anteriores, demostraron que esa es la manera para que el blues crezca y se expanda.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Vargas rock & blues

Fotos: Edy Rodríguez
Javier Vargas pisó un escenario argentino por tercera vez en su vida. Raro para un artista que creció y tiene muchos amigos aquí, y que grabó un disco tributo al rock nacional. Su primer show fue en Prix D'ami en 1994, el segundo en 2007 en el Teatro Metropolitan. Ayer, se presentó junto a su Blues Band y músicos invitados en el Teatro Coliseo. En las dos horas y media que duró el recital, repasó temas de distintos momentos de su carrera e interpretó algunos covers con mucha energía rockera.

Fue una buena noche de música ante poco público. La selección de temas podría dividirse en tres partes. Por un lado, la que primó casi toda la noche fue su fusión de rock y blues, con extensos solos de guitarra, mucho juego de pedales y palanca, incursiones con el slide, y cantados por el inglés Gaz Pearson, que combina el estilo de Memphis con ciertas influencias de Paul Rodgers y Robert Plant. El primer cuarto de hora fue muy potente: abrieron con Rollin’ & trance y el blues recién se hizo presente tres canciones después con Back alley blues, en el que hubo un breve pero intenso duelo entre Vargas y el tecladista argentino Pehuén Innocenti, que acompañó a la banda durante todo el show. Pearson dejó el escenario y el bajista Luis Mayol, argentino también, cantó una muy buena versión de Love me two times, de los Doors.

Javier Vargas
Fue a partir de ese tema, en el que el recital entró en su mejor momento. Vargas es un maestro para fusionar el blues con ritmos latinos, el flamenco y el tango. Y así lo ratificó anoche. Con Miguel Fraca en bandoneón interpretaron Buenos Aires blues y Amapola negra, de Andrés Calamaro. Siguió con Blues latino y luego, con Mayol y Pearson cantando juntos, regaló la extraordinaria y santanesca Chill out (Sácalo). La siguiente canción, el slow blues Parisienne Walkaways, se la dedicó a Gary Moore y Paco de Lucía. El último tramo, que incluyó temas como Back to the city, Ride baby ride, Palace of The King y Man on the run tuvo la impronta del comienzo y eso hizo que se volviera un tanto monótono, salvo por el cierre que incluyó un gran solo de bajo de Mayol y otro enérgico y contundente del baterista holandés Peter Kunst.

Los bises llegarían con los guitarristas invitados. Vargas sostuvo su Strato marrón con firmeza e invitó a escena a José Tealdi con quien interpretó Big boss man. Luego apareció en escena el cordobés Alberto Pol Castillo, a quien se lo notó muy emocionado. Juntos tocaron Make sweet love 2 U. El tercero en aparecer fue un apático Diego Mizrahi para una versión de Blues local, de Pappo, que cantó Mayol y que, curiosamente, el holandés Kunst acompañó en coros. El último en subir fue Conejo Jolivet con su Gibson SG para un crujiente y visceral cover de Sunshine of your love.

Matías Cipilliano
La previa había estado a cargo de Con Alma de Blues Band, la creación de Pollo Zungri, que tiene entre sus miembros a Diego Czainik (voz), Matías Cipilliano y Pablo Martinotti (guitarras), Nico Smoljan (armónica), Nandu Tecla (piano), Daniel Chusit (bajo) y Víctor Hamudis (batería). Iinterpretaron media docena de clásicos: Shake, rattle & roll, Cherry red, That's all I need , Woke up this morning, Further on up the road y Steamroller blues. En todo el set primo el buen gusto y la pasión por blues, algo a lo que Vargas después le agregó mucho rock y pinceladas latinas cargadas de emoción.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Con el espíritu de siempre


El armoniquista Pierre Lacocque, un trotamundos que encontró su lugar en el mundo en Chicago, formó Mississippi Heat en 1991 con la intención de reproducir el sonido clásico de la década del 50, ese que enaltecieron Muddy Waters, Little Walter y tantos otros maestros del género. Para eso se rodeó de músicos locales de primer nivel como Billy Flynn, James Wheeler, Bob Stroger y Robert Convington. La banda comenzó a girar por los bares de la ciudad combinando un repertorio tradicional con nuevas canciones. Pasaron más de 20 años desde aquel debut, en el medio el grupo tuvo cambios en su formación y dejó una decena de discos, algunos editados por sellos alemanes y otros por Delmark.

En el nuevo álbum, Warning shot, Lacocque mantiene el espíritu de siempre, aunque los músicos que lo acompañan ya no sean los mismos. Los 16 temas del disco están enfocados en un sonido más actual, aunque siempre fiel al estilo de Chicago. La banda está conformada por la cantante Inetta Visor; Michael Dotson, un viejo conocido de los argentinos, en voz y guitarra; Brian Quinn, en bajo; y Kenny Smith, hijo del legendario baterista de Muddy Waters, Willie “Big Eyes” Smith, en batería. A todos ellos se suma el experimentado Sax Gordon en la mitad de los temas.

El grupo suena amalgamado, contundente, con mucho espíritu blusero y con cada uno de los músicos cumpliendo su rol a la perfección. Además de Chicago blues, Warning shot tiene altas dosis de boogie, swing, beat latino y funk. La mayoría de las canciones fueron escritas por Lacocque, aunque hay composiciones de Dotson, Visor y Smith. Además hay un cover instrumental de Your cheating heart, de Hank Williams, mucho más bluseado que la versión original, y con una gran combinación de armónica y saxo. Sweet poison, el tema que abre el disco tiene toda la mística del slide del viejo Elmore James; Come to mama, cantado con mucha fuerza por Visor, es una exploración por las raíces caribeñas de Nueva Orleans; Swingy dingy baby, de Dotson, es un boogie adictivo; y en Too sad to wipe my tears el grupo se desenchufa y entrega todo su blues a corazón abierto.

Warning shot es un gran disco que marca claramente que se puede interpretar blues de manera tradicional pero con una nueva vuelta de tuerca.

domingo, 21 de septiembre de 2014

La evolución del blues


Different shades of blue es el primer álbum de Joe Bonamassa con todas canciones propias que escribió junto a experimentados compositores de Nashville. Además es su undécimo disco de estudio, sin contar los cinco que grabó en vivo, los tres que editó con Beth Hart, los otros tres junto a Black Country Communion y los dos que sacó como miembro de Rock Candy Funk Party. A los 37 años, Bonamassa es uno de los músicos más prolíficos de la escena contemporánea y su talento no tiene techo, como la evolución del blues.

“Me propuse hacer un disco de blues original y me tomó un buen tiempo escribir todas las canciones. Me esforcé mucho para hacer las cosas mejor que antes para no defraudar a mis fans”, contó Bonamassa en una entrevista que le realizaron para la promoción de su nuevo trabajo. El proyecto fue tan ambicioso que para grabar las 11 canciones usó 20 guitarras diferentes, 13 amplificadores y se rodeó de músicos que son capaces de tocar en excelente nivel hasta dormidos: el ex miembro de Double Trouble, Reese Wynans, se encarga del hammond y el piano, mientras que la rítmica la llevan los bajistas Carmine Rojas y Michael Rhodes, el baterista Anton Fig y el percusionista Lenny Castro. Lee Thornburg y Ron Dziubla le dan más vigor a los temas con sus caños y The Bovaland Orchestra aporta en algunas canciones una espléndida sección de cuerdas.

Salvo I gave up everything for you, 'cept the blues, que tiene la estructura clásica de un blues y en el que Bonamassa arremete con el slide, el resto de los temas exploran las fronteras de los 12 compases desde una perspectiva muy personal y vanguardista. Aquí también, como en muchos de sus otros discos, quedan expuestas sus influencias. Bonamassa revive a Hendrix, Vaughan, y Rory Gallagher, reivindica a Clapton y Jimmy Page, y le suma a eso el amplio bagaje musical que incorporó en los últimos años. La guitarra es protagonista absoluta, como no podía ser de otra manera: todos sus riffs y solos están barnizados por un virtuosismo sobrenatural. Trouble town y Living on the moon son dos temas de raíz blusera en los que los vientos les confieren un aire muy funky. En Oh Beautiful! deja en claro porque le otorgaron el título de guitar hero y también muestra un impresionante registro vocal en un momento a capella en la intro y el cierre del tema. Algo similar sucede en la balada que da nombre al disco.

Producido por otra vez por Kevin Shirley y editado por J&R Adventures, Different shades of blue es una relectura que Bonamassa hace del blues, un género que él entiende como dinámico y evolutivo, y que es la esencia de su ADN musical.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Los plomos


Los Allman Brothers estaban en la cresta de la ola. La muerte de Duane Allman había golpeado en el núcleo del grupo, pero de alguna manera también le dio un nuevo impulso. Entre 1972 y 1973, la banda editó dos de sus discos más exitosos, Eat a peach y Brothers and sisters, las giras eran extensas y agotadoras, y los shows que daban rozaban lo sobrenatural. Gregg Allman, Dickey Betts y Chuck Leavell estaban en un nivel superlativo.

Por esos días, antes de los recitales de los Allman, sus plomos –raodies, como se les dice en inglés- comenzaron a darle forma a una banda en las pruebas de sonido. Así fue como nació la Almost Brothers Band. El pianista Chuck Leavell recuerda que los músicos comenzaron a ensayar mucho y que cuando la gira de los Allman acabó, ellos volvieron a Macon, Georgia, y empezaron a tocar en el circuito local. Por aquél entonces grabaron algunos temas para Capricorn Records, que durmieron en las cintas durante varias décadas, hasta que hace poco el ex ingeniero de sonido de los Allman y miembro de los Almost, Buddy Thorton, rescató el material y limpió las canciones lo más que pudo. Finalmente fue Band of roadies fue editado CD Baby.

La formación original estaba compuesta por Thorton en bajo; Dave “Trash” Cole en guitarra y voz; Twiggs Lyndon en guitarra; Michael Artz y Joseph “Red Dog” Campbell en baterías; y Virginia Speed en piano. El sonido del disco no es el mejor, pero de principio a fin se puede apreciar el talento y la creatividad de estos músicos que tuvieron su gran momento a la sombra de una de las más grandes bandas de rock de la historia. Los temas que conforman el álbum combinan el blues con la jam sureña y se destacan Driving Wheel, de Junior Parker; Drifting, de Charles Brown; y Fever, el clásico que Elvis Presley cantaba como ninguno.

Hoy una formación muy diferente de los Almost Brothers sigue tocando en bares de Georgia y alrededores, haciendo covers de los Allman, Lynyrd Skynyrd y ZZ Top, pero no tienen nada que ver con la música de este disco, que fue grabado en plena era dorada del rock sureño y que ahora, por fin, ve la luz.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Lou, Blas & Blues

Estos dos nuevos discos representan las distintas aproximaciones al blues que se dan en el circuito porteño. Él, guitarrista con más de 20 años de experiencia, que tocó con renombrados músicos como Alejandro Medina, Pajarito Zaguri, Rubén “King” Alfano y el Blusero León Vanella, volcó aquí un puñado de temas propios que grabó hace algunos años. Ella, una joven alumna de La Escuela de Blues, que integró coros de otras bandas, se animó a hacer covers en inglés de sus máximas influencias.

Blas & Amigos - ¿Tanto cuesta? El guitarrista Blas Rizzardo grabó los 13 temas que conforman el álbum en los estudios del Nuevo Milenio (Melopea) entre noviembre y diciembre de 2005. La espera fue larga, es cierto, pero valió la pena. Acompañado por Gabriel Gerez en piano, Roberto Huala en bajo y Juanito Moro en batería, Rizzardo dio forma a un puñado de composiciones propias, con fuerte ascendente blusero, pero con un toque bien porteño. Comienza con Risas falsas, un tema en clave de boogie, que cuestiona la vulgaridad de los lujos, en el que cuenta con Pajarito Zaguri en coros y Giuseppe Popuolo en saxo. En Hasta cuándo, Rizzardo canta junto con Mariana Diggs sobre un amor que se desgastó, acompañados por un solo filoso de guitarra a cargo de Josué Marchi. En Ni loco, su voz sigue a dúo con la de Diggs mientras la armónica expeditiva de Luis Robinson se expresa con mucho sentimiento, al igual que en Debo olvidar. Princesa es una balada campestre, inspirada tal vez en los Rolling Stones de Exile on Main Street, con el toque sutil de Litto Nebbia en teclados. En Funky town, Rizzardo y Don Vilanova elevan sus punteosen un claro homenaje a Albert King, mientras el bajo de Alejandro Medina les marca el ritmo. Te vi es un boogie de la vieja escuela con una notable interpretación al piano de Gerez. Y la perla del disco es Natural, un cover de Tanguito, con Pajarito, Nebbia, Don Vilanova y Medina como invitados. Al escuchar todo el disco, la respuesta a la pregunta del título es evidente: sí, cuesta mucho pero eso al final de cuentas no es más que otro valor agregado.

Lou Hernández – Blue. Para llegar hasta aquí, la cantante y guitarrista Luciana Hernández recorrió el camino adecuado: escuchó, estudió, practicó y colaboró en distintos coros. Hace poco decidió formar su propia banda para grabar un disco dedicado a sus máximas influencias. Y el resultado es sorprendente. Desde lo vocal, Hernández se destaca por sus registros en versiones de temas de Nina Simone como Feeling good o My baby just cares for me, o cuando destila una profunda melancolía en el clásico Come rain or come shine. Además su trabajo con la guitarra es muy interesante en All your love, de Magic Sam, y Love me like a man, de Bonnie Raitt. Hernández descansa en una sección rítmica muy solvente a cargo de Roberto Seitz en bajo y contrabajo, y Leonel Torres en batería, más el aporte del experimentado Bob Telson, un pianista y compositor francés radicado en la Argentina, con una reconocida trayectoria musicalizando obras teatrales y películas. Dos guitarristas aportan sus solos y tiñen aún más de azul su debut discográfico: Nacho Ladisa en As long as I’m movin’, de Ruth Brown, y Roberto Porzio en el clásico Every day I have the blues. Sin embargo, ella se anima sola con la guitarra en las creaciones de dos maestros como T-Bone Walker y B.B. King: Stormy Monday y The thrill is gone. Todas las canciones de Blue representan el background de esta joven cantante que tiene un gran presente y ya moldea un futuro mucho más que promisorio.

viernes, 5 de septiembre de 2014

El inmortal


Durante sus últimos meses de vida, Johnny Winter no paró de tocar. Siguió con su gira por los Estados Unidos y Europa, y el tiempo que no estuvo en la ruta lo pasó recluido en los estudios Carriage House, en Connecticut, grabando el trabajo que estaba pensado como la continuidad de Roots (2011), pero que terminó siendo su álbum póstumo. Step back es un gran disco y cobra un nuevo sentido ante el vacío de su ausencia.

Producido por Paul Nelson y editado por Megaforce Records, el álbum tiene 13 temas en los que Winter deja su alma al desnudo, con interpretaciones viscerales, tanto desde lo vocal como desde las seis cuerdas. Al igual que en Roots, el viejo maestro invitó a una selección de músicos para jerarquizar la producción, pero aquí se propuso –y lo logró- recrear con las canciones una guía de viaje por los lugares más emblemáticos del blues: Mississippi, Chicago, Texas, Nueva Orleans y Memphis.

El primer tema es una verdadera novedad: Winter se zambulle en Unchain my heart, el clásico de Ray Charles que popularizó Joe Cocker, respaldado por un coro femenino con mucho soul y la sección de vientos de los Blues Brothers, con Tom Malone y Lou Marini como principales figuras. Luego, junto a Ben Harper, interpretan una arrolladora versión Can’t hold out (Talk to me baby), de Elmore James, en la que además de combinar voces, entrelazan sus slides, el albino desde su guitarra Firebird y Harper desde su lap steel.

Eric Clapton y Winter cruzan filosos solos en I don’t want no woman, de Bobby “Blue” Bland; en Killing floor, de Howlin Wolf, el tornado texano deja que florezcan Paul Nelson con su guitarra y su amigo Frank Latorre en armónica; y en Who do you love, de Bo Diddley no hay invitados, pero si una exquisita mezcla de guitarras con un ritmo atrapante. Las seis cuerdas entran en un frenesí endemoniado cuando Brian Setzer, ex Stray Cats, se suma en Okie dokie stomp, con los vientos de los Blues Brothers como colchón rítmico.

Además de Nelson, completan la banda el pianista Mike DiMeo, el bajista Scott Spray y el baterista Tommy Curiale.

En Where can you be, de Jimmy Reed, Winter y Billy Gibbons, de ZZ Top, ponen a Texas de pie con unos punteos extraordinarios. Algo similar sucede en el track siguiente cuando une su talento con el virtuosismo de Joe Bonamassa en los casi ocho minutos que dura la majestuosa Sweet sixteen, de B.B. King, una vez más con el aporte de los vientos a cargo de Malone y Marini. Tal vez el momento más profundo y significativo de todo el álbum es cuando Winter desciende a las aguas barrosas del Mississippi con una national steel guitar y encara la estremecedora Death letter, de Son House. El último tramo del álbum encuentra a la leyenda junto a Jason Ricci rindiendo tributo a Little Walter con My babe; y elevando octanos rockeros con Long tall sally y la guitarra furiosa de Leslie West, más una enérgica versión de Mojo hand acompañado por el guitarrista de Aerosmith, Joe Perry. En el final suena el piano de Dr. John en una emotiva Blue Monday, de Fats Domino.

Step back deja en claro que nunca más se podrá hablar de él en pasado, porque si bien ya no está físicamente, su música lo trasciende. Johnny Winter fue una leyenda en vida y un ícono absoluto del blues. El 26 de julio dio un paso a la inmortalidad y desde ese sitio intangible nos ilumina a todos con su música.