sábado, 30 de julio de 2011

Lenguaje universal


No importa dónde. Mientras haya músicos dispuestos a soplar un saxofón o una trompeta, aporrear las teclas de un piano, o ejecutar las notas más finas de una guitarra, el jazz encontrará gente que quiera escucharlo. El jazz tiene un siglo de vida y parió a genios como Louis Armstrong, Dizzy Gillespie, Miles Davis, Duke Ellington, John Coltrane y Bill Evans, por solo nombrar a algunos. Hoy la música tiene la misma fuerza y el público se renueva día a día. Estoy en Estocolmo, Suecia, y fui a conocer un destacado club de jazz. El Stampen está ubicado en el corazón del Old Town, una zona muy pintoresca donde prevalece las arquitectura de los siglos XVIII y XIX. El bar es un reducto en el que hay música todos los días. El sábado a la noche estaba repleto de gente escuchando a una banda que alternaba entre el funk y una onda Weather Report. Recargado de adornosy muy caluroso, los suecos y algunos turistas bebían sus cervezas con fruición, mientras que afuera se juntaba otro nutrido grupo para fumar. Todo una síntesis del lenguaje universal del jazz.

martes, 26 de julio de 2011

Por suerte...

Jimmie Vaughan editó tres discos en 15 años: Strange pleasure (1994), Out there (1998) y Do you get the blues? (2001). Luego pasaron nueve años en los que se dedicó a salir de gira y participar de algunas sesiones de grabación, especialmente con Omar Kent Dykes. El año pasado sorprendió con un disco formidable –Plays blues, ballads & favorites- que condensó lo mejor del blues de Texas, con cierto espíritu retro y festivo, y una producción muy cuidada. Ahora, justo un año después, el hermano de S.R.V sorprende con una secuela formidable.

Plays more blues, ballads & favorites es una extensión del anterior y también cuenta con un toque femenino. Lou Ann Barton aporta su canto y su swing sureño en tres canciones y esta vez su imagen hasta aparece en la portada del álbum, que tiene el mismo diseño que el anterior, aunque cambian los colores. Vaughan se alimenta de un puñado de canciones que fueron compuestas por ilustres desconocidos como Jivin' Gene, Teddy Humphries y Annie Laurie, y también por algunos temas de artistas más conocidos como Ray Charles o Hank Williams. También interpreta un cover de Jimmy Reed, I'm a love you, músico que realmente parece tenerlo obsesionado en este último tiempo (Los dos discos que grabó con Omar Kent Dykes están inspirados en la figura del mítico bluesman).

La banda es un verdadero lujo. Mike Flanigan está a cargo del Hammond B3, Derek O’Brien y Billy Pitman de las guitarras rítmicas, y Ronnie James y George Rains, en bajo y batería respectivamente, marcan la base de este ensamble. Pero este disco no sería lo que es si no contara con una sección de vientos fabulosa que tiene un protagonismo absoluto en casi todas las canciones. Los saxofonistas Gregg Piccolo y Doug James (ambos ex Roomful of Blues) y el trompetista Ephraim Owens tienen tanto oficio que los vientos suenan con una naturalidad orgánica.

Si todavía hay gente que cree que el blues es un género triste, que no invita al baile, debería escuchar este disco o el anterior, o por qué no ambos. Estamos hablando de música de primerísimo nivel interpretada por uno de los guitarristas más exquisitos, que no sólo se nutre de su virtuosismo, sino que ya ha adquirido la suficiente experiencia como para dejar en claro quién es él en el mundo del blues. Que sea el hermano “de” es hoy una anécdota. Jimmie Vaughan sabe bien lo que hace. Y lo hace muy bien.

sábado, 23 de julio de 2011

The end

Vivió como quiso. Tal vez vivió como pudo. Quién sabe. Lo cierto es que murió porque vivió como vivió. Y tal vez porque vivió como lo hizo su música es lo que es. Se fue a los 27 años, como Hendrix, Morrison, Janis, Brian Jones y Cobain. Apenas dejó dos discos –Frank y Back to Black- y muchos escándalos a cuestas. Su muerte, si bien generó un shock a nivel mundial, no sorprende. Es como si hubiera estado escrito que así iba a morir. Ahora la autopsia determinará si fue heroína, cocaína, ketamina, éxtasis o alguna otra sustancia la que le dio el golpe mortal. Pero eso será anecdótico. Lo cierto es que Amy ya no estará más para cantar como lo hacia: con una voz poderosa que salía desde lo más profundo de sus entrañas.

viernes, 22 de julio de 2011

Nobile di Montepulciano

Guardé esta botella durante más de un año. Mi idea era descorcharla en una ocasión especial. Y qué más especial que la llegada de un amigo que vive lejos y al que veo pocas veces al año. El viernes pasado, cuando el día había cedido paso a la noche, saqué a la botella del rincón en el que reposaba y la descorché. Para no perder esa costumbre que teníamos, de la época en la que conducíamos el programa de radio El Descorche, acompañamos el vino con un exquisito queso de cabra que potenció todos los sabores. La Braccesca, Vino Nobile di Montepulciano, cosecha 2006, cumplió con todas las expectativas. “Mirá el color teja”, dijo Maxi mientras agitaba la copa y olía el aroma frutal que emanaba el caldo. Cuando ya nos habíamos acabado la mitad de la botella –aunque todavía quedaba la otra mitad optimista- llegaron las empanadas. Fue un gran reencuentro, noble, con un vino italiano delicioso del corazón de la región de la Toscana, uno de los suelos más generosos del mundo.

martes, 19 de julio de 2011

Lanzamientos recientes

George Thorogood - 2120 South Michigan Ave. Thorogood es un verdadero héroe del blues y del rock and roll. En su música logró capturar como nadie el espíritu de Chuck Berry, Bo Diddley, Elmore James y del sello Chess, en general. Y, pese al paso del tiempo y las exigencias comerciales, casi nunca se alejó de sus raíces. Su último disco, 2120 South Michigan Ave., es un tributo honesto a la discográfica de Leonard y Phill Chess. Diez de los trece temas corresponden a lo mejor del catálogo del sello. Thorogood reinterpreta a sus principales figuras: desde Willie Dixon a Muddy Waters. Un par de invitados de primerísimo nivel realzan los créditos del álbum: Buddy Guy incendia las seis cuerdas de su guitarra en Hi-Heel Sneakers y Charlie Musselwhite aporta la experiencia de su armónica en My babe y el flamante tema que da nombre al disco. El arte de tapa también tiene un sentido histórico: está inspirado en aquellas ediciones de los años cincuenta cuando el blues fluía del 2120 South Michigan Avenue y marcaba el pulso de Chicago. Este no es un tributo caprichoso y marketinero, es una obra sentida y profunda, en la que Thorogood vuelca toda su experiencia y pasión.

Rod Piazza & The All Mighty Flyers - Almighty dollar. Este disco es una joya, de verdad. Rod Piazza debe ser uno de los cinco o seis mejores armonicistas del momento. Tiene un sonido muy personal y representativo del blues de la Costa Oeste. Apuntalado por el piano de su esposa, Honey, Rod Piazza se despacha con una colección de temas que abarcan el jump blues de los años cuarenta y cincuenta, alguna balada doo bop y un poco de Chicago blues. Lo mejor, a mi criterio, es cuando interpreta What makes you so tough, Confessin' the blues y la fabulosa Ain't nobody's business. En el álbum también se destaca el versátil Henry Carvajal, un guitarrista que tiene un poco Hollywood Fats, Junior Watson y Muddy Waters. Almighty dollar es el alegato de un músico que, por dedicarse a tocar blues, se privó de los grandes lujos que trae aparejado ser una estrella. No hay dudas que para Piazza la música está antes que el billete.

Harry Manx & Kevin Breit - Strictly whatever. Hace ya un par de años que descubrí a Harry Manx y desde entonces no me canso de escuchar sus discos. Dueño de un estilo único y un groove muy particular, Manx acaba de lanzar su octavo álbum de estudio, una vez más en compañía de Kevin Breit. Los tres primeros temas son realmente fantásticos: Sunny, Nothing I can do y, especialmente, Looking for a brand new world. Luego el disco sigue alternando algunos blues con otras canciones de raíz más folkie. Lo más sobresaliente creo que es la amplia alternancia de instrumentos de cuerda. Según el tema, los protagonistas pasanan de la guitarra acústica y la eléctrica al banjo, el ukelele, la mandolina, el sitar eléctrico y hasta la mohan veena, la especialidad de Manx. En algún punto, Strictly whatever se parece a los discos de Bob Dylan de fines de lo noventa y comienzos del nuevo milenio, pero en definitiva se trata de una obra nueva producida íntegramente por dos figuras en ascenso, dos músicos creativos y muy originales.

David Gogo – Soul-bender. Este disco me lo recomendó Pablo Fernando Piñeiro y la verdad es que está muy bueno. La curiosidad de su apellido es apenas un detalle que nada tiene que ver con su música. Gogo creció y se formó musicalmente en la ciudad de Nanaimo, en la Columbia británica, al oeste de Canadá, muy cerca de Vancouver. De joven se nutrió de la música que escuchaba por radio, los sonidos que venían del sur, Stevie Ray Vaughan, ZZ Top, Johnny Winter, Buddy Guy, Albert Collins… Pese a que todavía no es tan conocido a nivel mundial, en los noventa llegó a abrir los conciertos que muchos de esos músicos dieron precisamente en Vancouver. Gogo desarrolló un estilo amplio, que se balancea entre los márgenes del blues con el rock and roll clásico y el soul de Stax. Pero siempre con el eje puesto en los solos de su guitarra y su poderosa voz. Soul-bender es un disco potente y muy entretenido.

The Jeff Golub Band - The Three Kings. ¿Quién es Jeff Golub? Esa fue la primera pregunta que me hice cuando empecé a escuchar este disco. Su nombre está más asociado al smooth jazz, al estilo de David Sanborn, pero con guitarra. Sus influencias más palpables son Wes Montgomery, George Benson, Lee Ritenour y Larry Carlton. Pero este disco no tiene absolutamente nada que ver con ese estilo ni con lo que esos músicos representan. Aquí tenemos un álbum cien por ciento blusero. Golub ya había anticipado su inclinación hacia los doce compases con su disco de 2009, Blues for you, y ahora confirma que éste es el camino elegido. Con la colaboración del legendario Henry Butler, Golub da rienda suelta a su virtuosismo con clásicos del género como Born under a bad sign, Help the poor, The thrill is gone y Have you ever loved a woman. El disco tiene una producción impecable y un sonido que es todo una invitación a relajarse y escucharlo.

sábado, 16 de julio de 2011

La magia de Treme

La segunda temporada de Treme fue tan fabulosa como la primera. Otra vez las historias que se cruzan en una Nueva Orleans devastada por el huracán Katrina y con la música como protagonista excluyente. Salvo por el personaje de John Goodman, que murió en el final de la primera temporada, están todos los demás: Davis, Jeannette, Ladonna, Antoine Batiste, el teniente Colson, Toni Bernette y su hija Sofia, Albert y Delmond Lambreaux, Sonny, Annie y Harley (el personaje que encarna Steve Earle).

David Simon lo volvió a hacer una vez más. Las cinco temporadas de The Wire, los siete capítulos de Generation Kill y ahora la secuela de Treme marcan una constante en su obra: un profundo conocimiento de campo y un retrato de la humanidad de sus protagonistas que no esconde nada: sus virtudes, sus miserias, sus miedos, sus alegrías.

Cada personaje sigue su curso. Antoine, presionado por su mujer, tiene que salir a buscar trabajo para poder afrontar los pagos de la casa. Consigue uno en una escuela como asistente del profesor de música pero pasa más horas en los bares tratando de sacar adelante su propia banda de soul y funk que está condenada al fracaso.

Annie ya no está más con Sonny y se enamora de Davis (un brillante Steve Zahn) y cada uno de ellos, por separado, intenta seguir con sus dispares carreras musicales. Ladonna, en cambio, le toca vivir un drama de inseguridad en carne propio que va a sacudir su ya golpeado mundo. Toni, tiene que lidiar con el desconsuelo de su hija, que no se recupera de la muerte de su padre, y también con la burocracia judicial y la corrupción policial. Jeannette se fue a probar suerte como cocinera a Nueva York, pero la nostalgia la lleva una y otra vez de regreso a Nueva Orleans.

Delmond y su padre, el Gran Jefe Mardi Gras, siguen con sus discusiones eternas. Pero el muchacho, un reconocido saxofonista de jazz, empieza a sentir que necesita recuperar la tradición de sus orígenes y se embarca en un proyecto formidable que combina el jazz moderno con lo más profundo de las raíces musicales de su tierra.

Y los músicos también son coprotagonistas en los once capítulos. Más allá del papel que tiene Steve Earle aparecen en distintos episodios figuras como Dr. John, Ron Carter, Walter “Wolfman” Washington, Shawn Colvin, Henry Butler, John Hiatt, Cyril Neville, Kermit Ruffins, Coco Robicheaux, Chris Thomas King, Lucinda Williams y “Trombone” Shorty. Ahora hay que esperar la tercera temporada. Será el año próximo, espero. Mientras, nos queda la música. Siempre nos queda la música.

miércoles, 13 de julio de 2011

Espíritu sureño

No hay otro lugar en el mundo en el que Gregg Allman se sienta más cómodo que arriba de un escenario. Ya sea con los Allman Brothers o al frente de su propia banda, cada uno de sus recitales se convierten en piezas de colección: el viejo Gregg cuenta con su propio equipo de grabación y todos los shows que da quedan bien resguardados. Ahora, Jazz Fest Live 2011, su último capricho discográfico, fue editado en cd.

Grabado el 6 de mayo en Nueva Orleans, en uno de los festivales más importantes y tradicionales de los Estados Unidos, y con una banda conformada por músicos de primer nivel -Scott Sherrard (guitarra), Bruce Katz (teclados), Jay Collins (saxo), Jerry Jermott (bajo), Steve Potts (batería), Floyd Miles (percusión), Ian Smith (trompeta) y Derek Houston (saxo)- el disco es una buena combinación de lo mejor de Gregg como solista y como líder de la gran banda de rock sureño.

El show empieza con una poderosa versión de Don’t keep me wonderin’, tema que los Allman grabaron en 1970 para el disco Idlewild South. Los teclados de Gregg y Bruce Katz se entrelazan para que el slide de Sherrard le de la impronta sureña que supo inaugurar Duane Allman y que continuaron Dickey Betts, Warren Haynes y Derek Trucks. El segundo tema es una exquisita versión de I’m no angel, que Gregg grabó para su disco solista de 1986. Luego se zambulle en el blues profundo con Tears, tears, tears, de Amos Milburn. Pocos cantan tan bien los blues como Gregg Allman. Sigue con otra canción de su último disco de estudio: Just another rider es la esencia pura de los Allman y la interpretación en vivo es más funky que la del álbum Low country blues. Después viene el momento del bluesman de la Florida Floyd Miles, quien canta una de sus composiciones: Going back to Daytona. El blues sigue muy presente porque después la banda se despacha con I can´t be satisfied, de Muddy Waters, en el que una vez más el slide de Sherrard envuelve toda la estructura de la canción

Cuando promedia el show, una hermosa versión de Dreams anticipa que la segunda mitad estará dedicada casi en su totalidad a la música de los Allman. Hace un impasse con Before the bullets fly, de su etapa solista, donde el saxo de Jay Collins cobra protagonismo. Y entonces se viene la trilogía de éxitos que llevó a su apellido a lo más alto de la historia del rock: Melissa, Whiping post y Midnight rider. Antes de los bises, Gregg Allman presenta a su banda y cierra con Sweet feelin’, de Clarence Carter, y la legendaria Statesboro blues. Algunos podrán pensar que este es un disco más, pero lo que destila el viejo Gregg aquí es su vida misma, esa que el año pasado estuvo al borde de decir adiós y que ahora fluye con total naturalidad en el lugar que mejor le sienta: el escenario.

domingo, 10 de julio de 2011

El poder de Zora

(Foto: Néstor López)

En la Argentina no hay nadie que cante blues como Zora Young. Ninguna mujer. Y menos un hombre. Ella lleva el blues en los genes y su registro vocal es tan poderoso que no se lo podría contener ni con una orden judicial. Zora nació en West Point, Mississippi, así que es casi seguro que haya escuchado sus primeros blues cuando ni siquiera sabía hablar. Todo eso se notó arriba del escenario de La Trastienda. El sábado a la noche, en plena veda electoral y con dos candidatos a jefe de Gobierno en la sala, la voluptuosa y carismática Zora inundó de blues la Ciudad.

La música tiene esas cosas: por un lado están los virtuosos, fríos y analíticos, capaces de tocar las notas más espectaculares. Y por el otro lado están los músicos pasionales, que ponen el alma, la sangre y las tripas en lo que hacen. Zora es de esta clase de intérpretes: ella canta desde sus entrañas con una fuerza demoledora. Es la hererdera de Koko Taylor y Valerie Wellington y su figura hoy es solamente comparable con las de otras cantantes como Shemeika Copeland y Sista Monica.

El repertorio tuvo sus sorpresas. Más allá de las canciones esperables –Sweet Home Chicago, Rock me o Let the good times roll - Zora interpretó una muy buena versión de Natbush City limits, de Ike & Tina, con unos coros femeninos que le realzaron su costado más soul. Pero lo mejor fue cuando cantó Summertime. Está muy bueno cuando los artistas sorprenden al público con alguna canción que nadie espera.

La banda que la acompañó comenzó con algunas dudas pero con el correr de los temas se fue acomodando. Todos los que estuvieron arriba del escenario ya tienen sobrada experiencia tocando con figuras extranjeras. Roberto Porzio pasó del slide en Dust my broom a los punteos al mejor estilo B.B. King en The thrill is gone. Matías Cipilliano, en la otra guitarra, también tuvo varios solos encendidos. Por ahí el que estuvo más contenido fue el tecladista Nicolás Raffetta, no tuvo muchos solos pero sí acompañó bien haciendo un colchón melódico. Eduardo Muñoz, en bajo, y Patricio Raffo, en batería, fueron los encargados de que el ritmo se mantuviera en movimiento. También estuvo presente Nicolás Smoljan, uno de los mejores armoniquistas del país a la hora de interpretar el sonido de Chicago.

El show de Zora fue el final del Festival de Invierno Ciudad Blues, que durante los últimos tres sábados reunió en La Trastienda a La Mississippi, Blues & Trouble, Daniel Raffo, los Easy Babies, La Vieja Ruta y La Luka Blues Band. Una muy buena iniciativa de las chicas de Gondwana Producciones que en un año ya trajeron a Shirley King, Nina Van Horn y ahora a Zora.

El final encontró a la cantante agotada, tal vez por la apretada agenda que está llevando en Buenos Aires, pero Zora, que tiene unos 63 años impecables, sacó fuerza de muy adentro, y cantó, como si fuera el comienzo del show, Messin’ with the kid y Key to the highway. Se fue en medio de la ovación de un público que de poco va comprendiendo la importancia y la necesidad que hay de que sigan viniendo este tipo de músicos de primera línea.

jueves, 7 de julio de 2011

Blues que viene del norte

Publicada en Tiempo Argentino
Zora Young
Los últimos dos años fueron muy buenos para los bluseros
argentinos. Una buena cantidad de músicos gringos vinieron a tocar a Buenos Aires y otras ciudades del interior como Neuquén, La Plata o Venado Tuerto. Pero este año promete ser el mejor de la década. En los primeros seis meses tocaron aquí reconocidos músicos como Chris Cain, Kim Wilson, Eddie Shaw y Nina Van Horn. Ahora, para el último semestre se espera un verdadero aluvión de figuras internacionales de primer nivel. Este sábado, culmina el Festival de Invierno Buenos Aires Ciudad Blues, que en las últimas dos semanas reunió en La Trastienda muy buenas bandas locales de blues. Y el cierre es a lo grande: en el mismo escenario se presentará la cantante de Chicago Zora Young. Pariente del legendario Howlin’ Wolf y una de las principales figuras femeninas de la escena blusera, Young es una artista muy carismática que promete un show muy caliente. Un día después hará lo mismo en el Teatro Ideal de Venado Tuerto.

Rick Estrin
Baires Blues Producciones acaba de cerrar un acuerdo con Delta Airlines, una de las compañías aéreas más importantes del mundo, para realizar una serie de shows en Capital. El escenario será también La Trastienda y la primera figura que se presentará en el marco de las “Delta Blues Nights”, el 27 de agosto, será el guitarrista Slam Allen, quien ya vino a la Argentina hace dos años como integrante de la banda de James Cotton. Allen, que estará secundado por Nasta Súper Blues Band, es un violero fabuloso y versátil, que toca desde Muddy Waters y Jimi Hendrix hasta Otis Redding y Prince. En octubre volverá al país Lurrie Bell, la sangre misma del blues de Chicago, quien también tocará en La Trastienda aunque la fecha exacta todavía no está confirmada. El 17 de noviembre, el ciclo “Delta Blues Nights” cerrará el 2011 con otra visita de lujo: Rick Estrin & The Nightcats (Sí, con toda la banda).

Kirk Fletcher
El guitarrista de Chicago Vernon Harrington, anunciado como “El elegido de Willie Dixon” dará un show el 21 de julio en La Trastienda y un día después en el bar Mr. Jones, en Ramos Mejía. En agosto, el sábado 20 más precisamente, está confirmado otro violero: J.C. Smith viene a la Argentina por segunda vez a presentar su flamante DVD. También tocará en Mr. Jones. Uno de los shows más esperados será el que reunirá a dos magos de la guitarra como Kirk Fletcher y Tom Principato el 14 de septiembre en el escenario de La Trastienda. Ambos también darán conciertos por separado en Mr. Jones y en el interior.

John Primer
Para los últimos dos meses ya están confirmados algunos viejos conocidos: John Primer y Bob Stroger. Todo esto sin contar, además, la rutilante visita de Eric Clapton (14 de octubre en River), quien más allá de ser una mega estrella de rock es en el fondo un hombre de blues. Amigos bluseros, vayan marcando en el calendario y juntando unos pesos porque la segunda mitad del año viene cargada de doce compases.

BONUS TRACKS: Hay rumores de que también viene Duke Robillard y ya están confirmados Rick Derringer y Edgar Winter: integran la banda que tocará con Ringo Starr el 7 de noviembre en el Luna Park.

lunes, 4 de julio de 2011

Una celebración con amigos

Tommy Castro es un guitarrista notable, uno de los más fieles exponentes del legado de Albert King, de esa fusión de blues y soul que comenzó a cobrar forma en la década del sesenta. Hace 16 años editó su primer álbum para el sello Blind Pig. Exception to the rule fue el comienzo de una carrera exitosa que tuvo su base en la ciudad de San Francisco y que luego se extendió a todos los Estados Unidos, Europa y otros continentes. Hoy, su nombre es sinónimo de los altos estándares del blues y su guitarra es una de las más poderosas.

Ahora, y a modo de celebración, Castro acaba de lanzar un disco fabuloso, donde predomina un espíritu de zapada, donde toda su historia se ve condensada en doce canciones y un puñado de amigos de jerarquía. Legendary Rhythm & Blues Revue: Live! fue grabado en vivo en octubre del año pasado y acaba de ver la luz. Como en su último álbum de estudio, Hard Believer (2009), sigue vigente la sociedad con el sello Alligator. La portada de Legendary… es bien retro, como esos afiches de conciertos de los sesenta. Se ve la figura de Castro intentando un punteo en su Stratocaster y el resto de las figuras que conforman el disco. En los dos primeros temas, Wake up call y Gotta serve somebody (de Bob Dylan) Castro encara con convicción a la audiencia rodeado sólo por los miembros de su banda: Keith Crossan (saxo), Tom Poole (trompeta), Tony Stead (teclados), Scot Sutherland (bajo) y Ronnie Smith (batería).

Recién en e tercer tema aparece el primer invitado. Michael Burks suma su voz y aporta sus solos feroces en la extensa Voodoo spell. Luego sube al escenario Joe Louis Walker, quien hace poco lanzó un disco de similares características a éste, para interpretar una enérgica versión de It’s a shame. La potente voz de Sista Monica es el primer toque femenino del álbum: canta, sin guardarse nada, Nevers say never, que empieza de manera cancina y termina muy arriba. En My next ex wife, Rick Estrin, de los Nightcats, no sólo suma su armónica sino que también aporta una buena dosis de humor. La guitarra se ve reforzada a su vez con la participación del violero noruego Chris “Kid” Andersen. El tema siguiente es una de las mayores sorpresas del disco: el trío Trampled Underfoot se presenta con una arrolladora interpretación de su tema Fog.

Castro arremete con uno de sus clásicos, Painkiller, antes de invitar al escenario a otra dama: Janiva Magness canta una versión muy convincente de Think, de James Brown, con los vientos de Keith Crossan y Tom Poole marcando la superficie imaginaria del territorio del soul. Sigue en esa senda ya que el siguiente invitado es Theodis Ealey con quien alcanzan uno de los momentos más alegres y vivaces del show con This time I Know. En el final entrega sus mejores blues. Debbie Davies, dueña de una voz potente y una estilo para tocar la guitarra que aprendió directamente de Albert Collins, es la encargada de comandar All I found, un slow blues en el que sus solos disputan un duelo profundo con Castro. Todo termina con Serves me right to suffer con la guitarra de Castro enloquecida y la banda llevando el boogie a su máxima expresión.

sábado, 2 de julio de 2011

Algunos lanzamientos más del primer semestre

Too Slim & the Taildraggers – Shiver. Pese a que la banda se formó hace 25 años y que ya editó más de una docena de discos su nombre sigue siendo desconocido para muchos seguidores del blues. Liderada por el cantante, guitarrista y maestro del slide Tim "Too Slim" Langford, nativo de la ciudad de Spokane, en el estado de Washington, el grupo tiene un sonido en el que se pueden palpar las influencias de Elmore James, Duane Allman y Johnny Winter. Shiver es un álbum muy interesante, que tiene doce canciones compuestas por Langford, y cuenta con invitados como el saxofonista Mark "Kaz" Kazanoff, el armonicista Curtis Salgado y la cantante Duffy Bishop. Este parece ser el disco más sólido y consistente de los Taildraggers, posiblemente el que los coloque definitivamente en el lugar que se merecen.


Madeleine Peyroux -Standing on the Rooftop. Sutil. Melancólico.Delicado. Elegante. Todos esos adjetivos son adecuados para describir el último disco de Madeleine Peyroux. Con una banda muy particular, que incluye a músicos como el guitarrista Marc Ribot y al baterista de The Cult Charlie Drayton, más la colaboración del pianista y arreglador Allen Toussaint, el álbum tiene un sonido cálido que se balancea entre el jazz contemporáneo y el rock indie. La mayoría de los temas fueron compuestos por Peyroux junto a la violinista Jenny Scheinman, aunque en uno, The kind you can’t affort, la cantante que se formó musicalmente en París comparte crédito con el ex bajista de los Rolling Stones, Bill Wyman. Además hay muy buenos covers como Martha my dear (The Beatles), I threw it all away (Bob Dylan) y Love in vain (Robert Johnson).

Dave Alvin – Eleven Eleven. El primer tema del disco, Harlam County line, me llamó la atención: me pareció estar escuchando a Tony Joe White y su groove pantanoso. Esa percepción se mantuvo en varias canciones más. Pero su música está lejos de los terrenos mohosos de Louisiana. Nacido en California en 1955, Dave Alvin desarrolló un estilo que mezcló el blues, con el folk y una pizca de country. Tocó junto a Little Milton y Ramblin’ Jack Elliott y una de sus canciones, Long white Cadillac, fue un éxito cuando la grabó Dwight Yoakam en 1989. En Eleven Eleven, Alvin interpreta once canciones, ¡claro!, que son como crónicas de la América profunda. En Johnny Ace is dead indaga en los sórdidos acontecimientos que rondaron la muerte del pianista en 1954. En temas como Run Cornejo run, Manzanita y No worries mija fluye la influencia hispana que abarca el sur de California. Eleven Eleven es un gran álbum que termina de confirmar que Alvin es uno de los más fieles exponentes de la música folclórica estadounidense.

Varios Artistas – Rave on Buddy Holly. Se trata de una revisión del catálogo de Buddy Holly, uno de los artistas más influyentes de la historia del rock. El disco tiene 19 covers interpretados por artistas tan diversos como Paul McCartney y Cee Lo Green. Algunas versiones son fabulosas, porque no son copias fieles del original y porque el artista o la banda en cuestión logran imprimirle su sello personal. Por ejemplo: Dearest, por The Black Keys; Everyday, por Fiona Apple y John Brion; Peggy Sue, por Lou Reed; Maybe baby, por Justin Townes Earle; y That’ll be the day, por Modest Mouse. Pero después hay otras que podrían directamente haberlas obviado como I'm gonna love you too, por Jenny O., o la versión extra lavada de Raining in my heart, de Graham Nash. De todos modos, es un buen disco que cumple con dos objetivos: reivindicar las melodías de uno de los pioneros del rock and roll y darle un halo de atemporalidad a esas canciones que ya cumplieron más de 50 años.

Grayson Capps - The Lost Cause Minstrels. A Grayson Capps lo descubrí hace pocos meses cuando escuché su disco de 2006, Wail & Ride, gracias al blog de Rafa´s Rock & Soul. Capps es un artista que combina sus raíces sureñas, el blues de Nueva Orleans, el roots rock y una fuerte influencia de Tom Waits. Ahora salió su nuevo trabajo, The Lost Cause Minstrels, en el que se consolida como un artista puro y un cantante formidable. Pero más allá de ser un gran intérprete, Capps es un compositor avezado: de las once canciones nueve fueron escritas por él. Las dos restantes son covers de Taj Mahal (Annie’s lover) y Richard Brown (Jane’s Alley blues). El espíritu de este disco es itinerante y deja en claro que Capps es un hombre que conoce la ruta y que supo llenarse de todo lo que fue escuchando en el transcurso de sus 46 años de vida.